lunes, 11 de noviembre de 2024

Un lugar tétrico

Cuando la oscuridad se cierne sobre las calles, caminar entre las sombras resulta abrumador.

Cada paso que se da, cada respiración que la acompaña parece cada vez más y más pesada. Presiona el pecho hasta sentir las costillas crujir bajo su peso.

Los árboles se acercan poco a poco, dejando sus hojas caer para hacerte sentir acorralada. Por todas partes, en cualquier rincón, ahí dejan su sonido como marca de que no estás sola. De que nunca lo has estado.

El viento decide atravesar tu pelo, como si unas manos estuviesen acariciándolo. Te susurra en el oído, haciendo que toda tu piel se estremezca. Te abraza, encarcelándote en una sensación que ya conocías.

Toda tu mente está centrada en avanzar, pero tu cuerpo es incapaz. Te sientes paralizada, atrapada en un lugar que no está cercado con vallas. Un lugar que tantas otras personas frecuentan, pero en el que ninguna llega a conocerse. Un lugar maldito que hace que cualquier infierno resulte acogedor.

Y es que nuestro corazón se encoge al llegar ahí. Siniestro, tétrico, desolador. No hay muchas cosas que te puedan salvar una vez llegas.

Pero quizás haya una solución: dejarse engullir y desaparecer dentro de ese monstruo.


sábado, 13 de abril de 2024

Monstruos

Los monstruos salen en la oscuridad. Esto es algo conocido por todos, pero lo que no se conoce tanto es que ese es el único momento en el que no se cruzan con los humanos.

Porque ellos nos temen tanto como nosotros a ellos.

La Soledad nunca querrá atraparnos entre sus garras, pues lo que realmente desea es alejarnos de ella. Sin embargo, todos pensamos que el mundo conspira para que la abracemos y permanezcamos en su interior.

Y es justo lo contrario.

El mundo nos empuja a relacionarnos, a conocernos, a confiar.

Pues la Desconfianza, como la Soledad, no quiere a nadie a su alrededor. Cualquiera podría hacerle daño. Lo opuesto a lo que consideramos. Creemos que la Desconfianza es el motor de nuestros instintos, algo que se supone que debe proteger nuestra ilusión.

Pero la Desilusión nunca está al acecho, porque tanto ella como la Soledad y la Desconfianza trabajan mejor solas. No necesitan de nadie para sobrevivir y prefieren permanecer en las sombras.

Así que no nos asustemos, pues tan solo nos juntaremos con ellos si así lo queremos. Estos monstruos quieren evitarnos, démosles el placer de no tener que interactuar con humanos.



martes, 29 de enero de 2019

Medianoche.


En el calor de la Medianoche, casi de puntillas, nos colamos en mi cuarto. Las ganas de besarnos podían con nosotras. Cuánto ansiábamos nuestros labios.

Un beso sucedía al otro casi de inmediato. Unos con lengua, otros sin. Pero ninguno con mayor intención que demostrarnos cariño. Que demostrarnos amor.

Las caricias nos empujaron hacia la cama. Las dos tumbadas mirándonos como idiotas. Vaya par de enamoradas, diréis. Y es verdad.

Sus ojos se cerraban de vez en cuando. Conozco esa sensación. La de estar tan bien entre sus brazos que el sueño vence y me rinde a sus pies.

Así estaba ella. Y yo solo quería que durmiese entre amor. Fuera la camiseta. Se acomodó mejor. Se fundió con mi cama y ahí comenzó.

Un pequeño masaje, pensaréis. Pero no si lo hubierais vivido como yo.

A medida que mis manos se paseaban por su espalda, unas pequeñas franjas podían entreverse a ambos lados de su columna.

Os juro que parecía el nacimiento de unas grandes alas.

No le dije nada. Parecía que cuanto más amor le daba, más grandes se hacían esas franjas.

Y así seguí. Hasta que empezaron a aflorar. 

Unas pequeñas plumas se escaparon tímidas de su espalda. Las rocé con mis dedos. Eran verdaderamente suaves.

Continué acariciando. A cada caricia, escapaban un poco más de su prisión. Se sentían seguras conmigo. Querían mostrarse.

Cuando estaban más o menos a mitad, se me ocurrió acercar mi cara a su espalda. Sentir como su suavidad rozaba mis mejillas.

Qué mal hice. Pues la tranquilidad que sentí, la paz que me inundó me hizo cerrar los ojos.

Lo siguiente que recuerdo de aquello, es despertarme apoyada en su pecho. Alzar la mirada, ver cómo me sonreía, y acto seguido me daba un beso.

Le pregunté qué había sido eso. Sonriendo me dijo que habría sido un sueño.

Pero yo sé que no. Yo sé que ella tiene unas alas increíbles bajo la piel.

Y ojalá esté ahí cuando decida usarlas.