¿Qué fue lo
último que te hizo realmente feliz?
Me lo preguntó con los ojos cristalinos, casi como si se lo
preguntara a ella misma. Casi no podía mirarla. Involuntariamente giré mi
cabeza y fijé la mirada hacia el horizonte. Faltaba poco para que amaneciera.
Di una calada al cigarro y sentí el peso de su mano sobre mi
hombro. La miré de reojo, casi dando la vuelta a las cuencas de mis ojos con
tal de no girar la cabeza hacia ella. Su mirada también estaba clavada en las
montañas. O en el cielo. No podría saberlo.
Los dos en el balcón, completamente abstraídos del mundo,
pensando en qué es lo que verdaderamente merece la pena de él.
Ella suspiró sonoramente y se marchó. Ni siquiera estoy
seguro de si se quedó un rato dentro, esperando por si se me ocurría seguirla.
Pero ni siquiera sentí las ganas de hacerlo. Ni mínimas. La poca fuerza que me
quedaba tras aquella pregunta la utilicé para alcanzar la cerveza que estaba en
la mesa.
Pegué un trago. Estaba ya caliente. No sé cuántas horas habíamos
estado fuera hablando. O tal vez en silencio. He perdido la noción del tiempo.
Di otra calada al cigarro, que se consumía rápidamente por el viento.
El sol empezaba a dejarse entrever por las montañas. Con los
primeros rayos sobre mi rostro, pude notar la diferencia de temperatura que
había entre mi frente y mis mejillas. Estaba llorando.
Ni siquiera me había dado cuenta. Intenté darle una última
calada al cigarro, pero mis lágrimas lo habían apagado. Estaba llorando mucho.
En silencio. En un absoluto silencio.
¿Y si nunca he sido feliz?

No hay comentarios:
Publicar un comentario